Hombres a caballo, con botas camperas, van dejando el rastro, de su vida bohemía. Siempre en los caminos, con las carretas, las mujeres con los niños, dandole teta. y las viejas con la horza de las monedas. Poquillo dinero hay, clava sus garras, la miseria. El gitano se conforma, mirando la luna llena. El estómago vacío, el niño Jesus lo llena, de la fruta de los campos y de hortalizas que dá la tierra. Y ese miedo al tirano, preso de sus riquezas, que nunca extiende su mano, ante las desgracias ajenas, y piensa que los campos son suyos, y dispara con escopeta, y tiene de su lado y a su servicio, a los jueces de la tierra, que siempre absuelven al rico, y al pobre lo condenan. Se esfuma, como se esfuma el humo, de las candelas. pues en el cielo está Cristo, defensor de la pobreza, con un cariño infinito, está preparando una fiesta, donde no falte comida, ni la música flamenca, para honrar a los gitanos, que tienen limpia su conciencia, de no haber atesorao, en este mundo, riquezas, como hace el payo, que colecciona monedas, y basa su felicidad en sus pertenencias. Obtusos de mente, cabezas huecas, el infierno espera, a toda la gente siniestra, que no hizo caso a Jesucristo, unica luz, en las tinieblas, que nos despejó el camino, que lleva a la vida eterna, quitando piedras y matojos, que nos condenan. El dijo: no atesoreis de ningun modo, dinero en la tierra, atesorad en el cielo, con vuestras acciones buenas, que tengo muchos caramelos, para las almas bellas.