Piel suave y morena, masculina, que quita las penas. El gordo está como quiere, y como quiero yo, hecho un campeón. Nadie más bonito que el, nadie tan jamón. Es una alegría para saltar, la que tengo en el corzón, me gusta su cuerpo, con pasión, y no me canso de acariciar una y otra vez, esos músculos bonitos, de hombre diez. Matricula de honor le doy, de calificación. Ha superao todas las pruebas, al tirón. Me tiene tonta, majara. Ha sido una revolución haberlo conocío, y que nos enamoremos los dos. Tiene unos ojos verdes como la hierba del campo, y una boca y un pelo, que son un encanto. Con él, cuerpo a cuerpo en el sofá, me subo al cielo, y no me pueden bajar, ni los angelitos bellos. Me quedo allí, traspasá, por este amor que siento, que es como las olas del mar, que nunca se está quieto, y siempre necesito más. Si me acaba de abrazar, más quiero, entonces le doy un beso robao en el cuello. Y ya se dá cuenta él, de que no lo suelto, porque soy agoniosa de su cuerpo. Y lo tiene que sufrir, que yo sea un chicle pegao, una mosca cojonera, que revolotea a su lao, esperando la ocasión de devorarlo. El lo tiene tóo, lo que yo había deseáo, hombre con corazón, que está apañao. Así que, me tocó el cuponazo, con el me rio, con el canto, con el la vida la voy llevando, llena de alegría, por quererlo tanto, y ver que él está feliz y enamorao de mí. Lo quiero a morir, si el gordo quiere lo hago reir, el dice que yo estoy de escandalo, es un poco lila, se ha conformao, con la raspa de una sardina, pero parece encantao, y dice que alucina, que le gusto demasiáo, por lo que piensa él que está enchufáo, con El de arriba. Por haberle dao la oportunidad, de mi compañía.