La alegría de mi niño, me emborracha el alma, me hace muy feliz, verle alegre su cara. Siento que se merece el cielo, y es bonito que ría a cá momento. Su simpatía no tiene límites, es un tesoro de oro y rubies, su caracter alegre, su nobleza y su buena sombra, que a todo el mundo conforta. Gitanito, cantando fandangos. Muy flamenquitos sus tarantos. Es muy hombre, el más macho, pero no por eso deja de ser delicáo. Le gusta decirme piropos, tiene el corazón enamorao, se siente agusto y feliz, de que yo esté, a su lao. Es una persona, como jamás habia soñao. Porque encima es muy bonico. Es un decir, porque es verdaderamente guapo. Moreno, unos ojos verdes de capricho, preciosos como los de los gatos. Ideales sus labios rojos, pequeños sus dientes blancos. Su cara es divina, para besarlo. Yo pensaba que los hombres eran todos bárbaros, pero me he encontrado este angelito de muchacho, que tiene sensibilidad y es tan humano, que te dá su amistad sin nada a cambio, y sabe hacerme feliz, porque lo veo entusiasmao, y pendiente de mi, haciendome tóo los gustos, con agrado. Como si yo fuera muy fragil, y él estuviera al cuidao, de que yo esté entre algodones, y no me haga nunca daño.
1 comentario
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados
« El cariño de Ramón. | Inicio | Prendada de ti »
Los hombres no son todos bárbaros, pero los hay malos muy malos..... malísimos. Y tambien los que pegan y matan... que esos ya no son hombres ni nada....
De todas formas tu sabes sacar lo bueno de él y él de ti.
Bsstos.