En la parte alta de la loma de San Cristobal, donde los cerros se descuelgan formando calles, imposibles, se pueden ver todavía alguna de las cuevas originales que hace menos de un siglo formaban un barrio entero. La que mejor se conserva es la Cueva del Arco, tan peculiar que para acceder a ella. Es preciso subir diez escalones. Por dentro, es tan profunda que atraviesa la montaña, hasta encontrar la salida por detrás, cerca de la Calera. La cueva está perfectamente conservada porque ha permanecido habitada, durante décadas. En los años de la guerra civil, era uno de los refugios naturales que tenía la ciudad para ponerse a salvo de las bombas. Aquí en Almería el que dio la orden de bombardear nuestra ciudad fué el mismísimo Hittler. Por arriba, el cerro que la cubre es tan espeso que la gente contaba que allí dentro apenas se escuchaban las explosiones. En el umbral, encima del arco que le dá nombre, un enorme jazminero cruza la gruta a lo ancho. A la sombra del techo, sobre los escalones, se amontonan a diario, los gatos a la hora de la siesta. Despues, por la tarde, son los niños los que se adueñan de la cueva y llenan de vida recién estrenada, de carreras y batallas, estas cuestas privilegiadas desde donde se domina la ciudad hasta el horizonte. ¡ Hay piedras del cerro de San Cristobal ¡ barrio de cuevas, sin agua corriente, ni luz electrica, cada vecino, el caballo amarráo a la puerta, y el mobiliario de la casa, muy pobre, un somier desvencijao de matrimonio, con un colchón, una mesa que cojea, y dos o tres sillas de anea, un barreño para la colada y en la pared, una estampa del Corazón de Jesus y la fotos de la comunión de los hijos. Que parecen de buena cuna en la instantánea, tan repeinaos y tan limpios. El ama de casa, siempre guapa, con un único vestido. Si se ganan dos pesetas, el matrimónio, las invierten en los niños, que son los que están creciendo y se les queda el calzáo chico, y lo que sobre, pá comía y pá vino. Así, muchos almerienses, han vivío, ná más que con lo justo y lo necesario, pero felicísimos. Bueno es un decir, mi madre ha vivió así, y dice que la miseria tenia Dios que quitarla de la tierra.