Los niños y los borrachos dicen siempre la verdad.
Dios en lo secreto consuela. A mi concretamente, con el canastero que está a mi vera. Más bonito que la primavera, más simpático y más alegre que unas castañuelas. Ya hable una vez de dos mujeres bebedoras, que le estuvieron echando fotos a Ramón en el bar Correales y luego vinieron a la chabola como cubas, borrachas de muchos wiskis, para ver como vivian los gitanos. Dicen que los niños y los borrachos dicen la verdad. Con el compadreo de los vasos a medio llenar, el intercambio de tabaco, y la camaradería que imponia la música que estábamos escuchando y el ambiente relajado. Le dio por preguntar al gitano a una de ellas, ¿ tu crees que mi mujer algun día me dejará ? Porque el gordo es muy miedoso de perderme, y piensa el tonto que le puede pasar que yo me vaya de su lado y no me vea más. Y le dijo la alcoholica, con ciencia y sabiduría, atinando con la verdad. Tu mujer no se separa de tí, ni aunque la vayan a matar. Con el salero que tienes, y lo buena gente que eres, ella está escandilá. El oro del mundo no vale, lo que tu puedes proporcionarle, risa y paz, que eso es mucho más que el dinero, y es una afortuná. Dónde vá a encontrar ella más alegría, más cariño ni más amistad que en esta chabola contigo, diciendole tu tóol día, tumbaita que guapisima que estás, dejame que te dé besitos hasta en el carnet de identidad.
