Hora de la comida. ¡ Mariaaaaaa ¡ sientate a la mesa. Sobre el mantel un plato de macarrones. y un vaso de agua. La gorda tarda, se lo digo otra vez, y entonces se dá por enterada, pero primero vá al cuarto de baño a lavarse las manos, y tengo que terminar yendo yo tambien, porque se eterniza con el laváo.

Me la traigo cogiendola por el cuello, despues de haberle cerrao el grifo, como la que lleva una oveja al matadero. María es negá pá la comida, no quiere ni los caramelos. Así que me tuve que inventar unos cuentos de una niña china, que tenia los mismos años que ella, y que era muy divertida, y maravillandomelas como decía Lola Flores y jugando al despiste y al engaño, conseguía en cada comida, por lo menos meterle en el cuerpo dos o tres cucharás, que la mantenía viva hasta otro día, que volvía a ingeniarmelas para que volviera a tragar algo, cosa sumamente dificil, pero para lo que yo me daba cierto arte.

Pues hoy Chuli ( así bauticé a la niña china ) le contaba, celebra su cumpleaños, María. Su madre le ha regalao unos patines, se los ha puesto y a atropellado a su abuelita que habia venido a verla y le ha roto las medias. A Chuli le ha dáo pena, porque su abuela es viejecita, y ha cogido pegamento para pegarselas y sin que su abuela se díera mucha cuenta de lo que pretendía, le ha vaciaó el bote de pegamento en la pierna.

La abuela al darse cuenta, ha ido al cuarto de baño a quitarse el pegamento, sin que se enterara la madre de chuli, para que no le regañara, que siempre le está diciendo que es un trasto, y chuli ha ido detras de ella, le ha abierto el grifo del lavabo y ha cogido la toalla de baño, para que la abuela se frotara.

Pero al coger la toalla, ha tirado un frasco de colonia, que se ha roto en el suelo en cristalitos pequeños, y el bote de la pasta de dientes con los cepillos. La abuelita le ha dicho, Chuli vete a jugar con tu muñeca, ya limpio yo esto, que puedes cortarte, anda vete a jugar, que no se entere tu madre. y Chuli le ha dado un beso y se ha ido a su habitación con su muñeca Nicol a ponerle vestiditos, y peinarle el pelo.

Así, contandole de la china, hipnotizaba a María con el cuento, y cuando estaba más absorta, le metía el tenedor en la boca, lo que le provocaba una reacción automatica de vuelta a la realidad: ¡ de que se tenía que tragar aquello ¡, estaba en la hora de la comida y ella sabía que yo me ponía en mi sitio y no la dejaba sin comer aunque para ella fuera un suplicio.

Seguidamente de meterle el tenedor en la boca, lo escupia y cogia el vaso de agua. Yo seguia con el cuento, con infinita paciencia, me seguía inventando......Entonces llegó el padre de Chuli del trabajo y Chuli iba a abrazarlo, pero se cayó en el pasillo y se hizo daño en un brazo. Su padre la levantó del suelo, le dió muchos besos y no se dió cuenta que chuli con los zapatos le estaba ensuciando el traje que se pensaba poner tambien al día siguiente y que con el llanto que le había entrao a Chuli, porque se habia hecho daño con la caida, le empapába de mocos y lágrimas el cuello de la camisa a su padre, que la estuvo consolando, dandole besitos en la pupa, y diciendole sana sanita culo de ranita si no te curas hoy te curaras mañanita.

En ese momento me percataba de que Maria estaba entregada al relato y yo aprovechaba para un nuevo tenedor, el de antes lo habia escupido, ahora al ver que de nuevo se dirigía a su boca una porción de comida, pone la mano en alto, para frenarme y coge el vaso de agua, para hacer tiempo, un buen lingotazo del liquido elemento antes de que le meta el tenedor

Pero al final no me deja, otra vez su mano haciendo de pantalla tapandose la boca porque se lo ha pensado mejor y no está dispuesta a una nueva pinchá y tengo que volverlo a depositar en el plato. Es necesario proseguir con el cuento, porque, aunque he sido buena y la he dajdo beber agua, luego ha rechazáo la comida, y es necesario pá mi tranquilidad, ver que por lo menos ha tragao dos tenedores del plato de macarrones.

En aproximadamente una hora y media de cuento, Lo he intentáo varias veces meterle el tenedor con comida en la boca, pero la mayoría terminaron vomitadas en el plato, otras caidas en el mantel y ¡ Milagro ¡ poniendo todo mi arte maternal, para que no se me muriera la niña de inanición, conseguía gracias a dicho arte, que se tragara un par de tenedores.

Despues del relato de Chuli, que hacía mil cosas en la hora y media aproximada de cuento, nos levantamos de la mesa. María como a la que le quitan dos toneladas de encima, saltaba de la silla al suelo muy contenta, porque ya había terminao su pesadilla y yo hecha polvo porque solo se había comido cuatro macarrones, ni uno más y eso es alimento de pajarillo, no es ni siquiera una tapa de los bares. Es ridículo lo que ha comido ( pensaba ) y me dába depresión, era una cruz pesada la mía, pero nunca le pegué, porque la gorda tenía la cara tan misteriosamente bonica que hubiera sido pecado darle un cachete en ese rostro angelical, por lo que se iba a jugar con sus hamsters de rositas, sin comer y tan tranquila

Despues de dos horas frente al plato, cada día sin comer nada. Hoy tiene 26 años mide 1.69 y pesa 46 kilos, como las modelos. Sé que no se me vá a morir. Con una pinchá de pápas fritas, ella vive una semana, pero ¡ que angustia ¡ si la veo muy delgá.