Goytisolo vuelve a la belleza / miseria de la Chanca ( Almería )
En mi reciente estancia en Almería, despues de bastantes años de ausencia, la responsable del Archivo de la Diputación Provincial me mostró una vieja carpeta de la Falange con su consabido logotipo del yugo y las flechas, fechada en 1.943 : una sobrecogedora coleccion de fotografías de la Chanca, titulada " Cuevas de Almería " en las que la extrema miseria del barrio es identica si nó peor que la que descubrí 16 años despues durante mi breve, pero inolvidable visita al mismo.
Colmenas trogloditas en la ladera rocosa, chozas revestidas de andrajos, criaturas esqueléticas, y semidesnudas, prendas harapientas expuestas al sol, entre escrementos y basura. Al paso perturbador de las láminas, el hojeador de la carpeta tiene la sensación de estar viendo los albores de una prehistoria inhumana, si algunos detalles de la fotografía no demostraran cierta civilización: un sillon desvencijado, un camastro, retratos de família.
" Aspecto de la entrada de una cueva"-: El interior de esta guarida no ha sido posible fotografiarla por falta de luz pero hacemos constar que ella es completamente repugnante, y que en la misma llevan una vida infrahumana , once personas. Grupo de habitantes de una de las calles formada por cuevas infectas y antihigienicas.
Casi todos los moradores son niños, pues los pobres, por regla general son los que más prole traen al mundo.
La resignación, es la característica más acusada de esta gente, que no pueden tener siquiera un gesto de rebeldía ante los zarpazos del hambre.
Almería fué hasta la década de los sesenta, la provincia española con la renta per cápita más baja del pais, con mucha diferencia de las demás, victima de una cruel marginación, y la Chanca sufría una doble exclusión.
La primera vez que me acerqué al barrio de una deslumbradora belleza visto desde la Alcazaba, no me atrevía a entrar en el. Comprendí que debía buscar una escusa plausible para justificar mi presencia. Los habitantes de la Chanca recelaban con razón de los intrusos. Sus visitas - como la de los recaudadores del ayuntamiento o los chivatos de la policía - no auguraban nada bueno. La respuesta habitual al desconocido interesado por conocer el domicilio de alguien era la de una eficaz solidaridad ocultativa: ese "sámuerto"
Buceé sin escafandra en su abismo y subí, y descendí a la miseria brutal de las Cuevas de las Palomas, del Cerrillo del Hambre. El expledor luminoso del monte horadado de cuevas, escandilaba.
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados