Campos de Andalucía, borriquillos con serones de esparto, ermitas con altares de alabastro, las casas pintadas de cal, con celosias, macetas de geráneos.
En los pueblos se vive despacio, nadie se levanta al canto del gallo, solo los que riegan sus tierras, que lo hacen temprano.
La gente bosteza, en sus colchones de lana del esquileo de las ovejas, y por la ventana un aire sano entra, e ilumina la estancia, el sol de la mañana, que tiene fuerza.
La panadería abierta. Pan de pueblo con manteca, leche de vaca y café.
La cocina huele bien, empieza la jornada.
Hay que ir a la plaza, hacer las camas, preparar la comía, arreglar la casa.
Y por la tarde, la máquina de coser, las labores.
La caminata a píe, por la carretera, antes de la cena, sopa de ajo y croquetas.
Luego las estrellas, la noche negra, los árboles, las libélulas.
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